«Asistida ahora por mi alma antigua, mi alma primera al fin recobrada, y por tanto tiempo perdida. Ella, la perdidiza, al fin volvió por mí. Y ahora comprendo que ella había sido la enamorada. Y que yo he andado por la vida tan sólo de paso, lejana de mí misma. Y de ella venían las palabras sin dueño que todos bebían sin dejarme apenas nada a cambio. Yo era la voz de esa mi antigua alma».
—María Zambrano
Septiembre de 1956.