«Creados de la piedra, creados de la arcilla.
Y yo —¡de plata y brillo! —
soy la traición total. Hasta mi nombre,
Marina, es la frágil espuma de las olas.
Creados en la arcilla, creados en la carne:
Tendrán por eso féretros y lápidas…
En el seno marino bautizada,
atravieso en mi vuelo las estrellas.
Corazones y redes,
pero irá más allá mi voluntad:
a mí —¿no ves mi pelo desordenado?—
en sal no me convertirás.
Rompiéndome contra vuestras rodillas de granito,
con cada ola renazco.
¡Viva, viva, la espuma:
alta, alegre y marina!»
23 de mayo de 1920