“Yo la encontré del monte en la espesura
Entre abrojos y zarzas confundida,
Y al tocarla plegó sus blandas hojas
La tierna sensitiva.
¡Cuántas almas también hay en el mundo,
En su santo pudor tan exquisitas,
Que no pueden abrirse sin que lloren,
Que no pueden tocarse sin herirlas!…”
—Mercedes Matamoros
“Sensitivas” (1892).