«Nunca olvides que tienes ante ti el mundo entero, la vida entera… Que para ti la vida puede y debe ser más real, más plena y más alegre de lo que tal vez lo ha sido para ningún otro ser humano… No la mutiles de antemano con alguna renuncia. No dejes encarcelarte por ningún afecto. Preserva tu soledad. Si alguna vez ocurre que se te ofrezca una verdadera amistad, aquel día no habrá oposición entre la soledad interior y esa amistad, sino al contrario. Precisamente lo reconocerás por ese indicio infalible. Los demás afectos deben someterse a una disciplina severa. Por otra parte, no tienes más que una debilidad grave que has de dominar, una sola, aunque a riesgo de morir sin haber vivido…»
—Simone Weil
«Cuadernos»