“Nunca me dirijo a mí misma en voz alta — ni siquiera lo intento — y ahora veo por qué no lo hago. Me resulta muy doloroso. Entonces me doy cuenta realmente de que estoy sola
Tal vez por eso escribo — en un diario. Parece lo «adecuado». Sé que estoy sola, que soy la única lectora de lo que escribo aquí — pero saberlo no es doloroso, por el contrario, me siento más fuerte por ello, más fuerte cada vez que escribo algo.
(De ahí mi preocupación el año pasado — me sentí terriblemente debilitada por el hecho de que no podía escribir en el diario, no quería, estaba bloqueada, qué sé yo.) No puedo hablar conmigo misma, pero puedo escribirme a mí misma”.
“Diarios de madurez, 1964-1980”